A vueltas con las ideas para una reforma de la Constitución, por Eliseo Aja

Catedrático de Derecho Constitucional de la UB

Este blog ha prestado atención al documento Ideas para una reforma de la constitución, elaborado por 10 catedráticos/as de Derecho Administrativo y Constitucional y que fue presentado el pasado 21 de noviembre en Madrid (ver el post Un informe de expertos sobre la urgencia de la reforma constitucional, 20 noviembre). Esta nota por tanto no repetirá ideas conocidas y se limitará a comentar la discusión del mismo que ha tenido lugar el 4 de abril en Barcelona, por invitación del Cercle de Economía. La diferencia de tiempo y formato (presentación en Madrid, debate en Barcelona) ha sido buscada expresamente para obtener el máximo interés de cada marco de reflexión.

Un primer objetivo sería valorar el interés suscitado por el documento. En general hemos comprobado que la presentación de Madrid tuvo una enorme recepción (casi todos los medios importantes incluyeron información y comentarios), y la mayoría en términos positivos. Estos elogios pueden verse en internet y ahora nos limitamos a las principales críticas, tres sobre todo, que también se ha formulado.

La primera subraya que la situación política ahora es tan complicada que prácticamente impide cualquier reforma constitucional. Podríamos contestar que ya lo sabemos pero que esa dificultad no nos impide debatir sobre la presente crisis constitucional y apuntar sus posibles salidas. También podemos devolver la pregunta: si la situación es tan difícil, ¿debemos permanecer mano sobre mano? Pero nuestra formación de constitucionalistas nos permite añadir algo más: las reformas más significativas se han realizado siempre en momento de crisis. Desde el origen de nuestro constitucionalismo, porque el texto de Cádiz se aprobó en medio de una guerra desastrosa con Francia, hasta la última, porque la norma suprema de la II República se elaboró en una crisis general de los partidos políticos tradicionales.

Hemos recibido una segunda crítica por limitarnos a señalar líneas generales de reforma y aportar pocos detalles. Es cierto, nuestra idea es que la aportación que nos corresponde como profesores debe limitarse a las grandes líneas y su detalle corresponde a los futuros constituyentes.

El título mismo de nuestro folleto (“Ideas…”) ya pretende señalar la función modesta que nos corresponde.

En más de una crítica vuelve a señalarse la necesidad de alcanzar un consenso entre las principales fuerzas políticas (a veces se dice, equivalente al conseguido en 1977-78), pero también varias ocasiones hemos destacado que el consenso solo se alcanza andando, a medida que se progrese en la discusión sobre la reforma, y que además hay que distinguir los momentos, porque ahora estamos en la perspectiva de una reforma constitucional, cuyas mayorías están fijadas en los artículos 167 y 168 CE.

La discusión en Barcelona, cuatro meses después de la presentación en Madrid, centraba la atención en el mantenimiento del interés de la propuesta y en su acogida en Cataluña. En dos sesiones de debate que duraron 4 horas, la mayor parte de las numerosas intervenciones de los asistentes fue favorable a la iniciativa, resaltando si cabe su mayor necesidad por el tiempo transcurrido. Se repitió también la crítica al gobierno y a los principales partidos por su falta de respuesta a la crisis institucional.

Un segundo aliciente para realizar este debate en Barcelona provenía, por supuesto, de la óptica específica de Cataluña, dada la gravísima crisis que atraviesan las instituciones de la Generalitat. Como era de esperar, la crisis constitucional general adquirió una perspectiva particular vista desde Barcelona y en seno del Cercle y de los juristas catalanes que asistieron al debate aparecieron ideas y matices que pueden facilitar el acercamiento de posiciones.

En el documento inicial se habían planteado afrontar los problemas del sistema autonómico y encauzar en ese marco la cuestión catalana. Concretando un poco más pensábamos que habría al menos tres enfoques positivos: el reconocimiento de la singularidad, la recuperación de los contenidos estatutarios del 2006 desactivados por la sentencia sobre el Estatut y la recepción de los aspectos identitarios o de organización institucional o territorial que sólo afectan a algunas CCAA.

Sobre los ejes anteriores el debate alumbró múltiples ideas de alcance diverso, de las que solo se enumeran algunas más fáciles de resumir: la relación dialéctica entre crisis de Cataluña y crisis del Estado autonómico; ventajas para Cataluña y las CCAA de las reformas generales, como el Senado, o el acceso a la Unión Europea; dificultad para formular la singularidad de algunas CCAA, aceptada por las demás; cambio radical del Estatuto actual para acercarele a la naturaleza de una Constitución federada; posible idoneidad de una Disposición Adicional en la Constitución para fijar la particularidad de Cataluña; conveniencia de reducir, desde ahora, la tensión ideológica sobre la nación, por todas las partes.

Estas y otras ideas, aparecidas a lo largo del debate, merecen ser consideradas con atención para superar la crisis constitucional que atravesamos en Cataluña y en España, y sería positivo que pudieran integrarse en el planteamiento general.

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