Homenaje a Jordi Solé Tura, por Eliseo Aja

Catedrático de Derecho Constitucional de la UB

El pasado mes de diciembre, la Junta de la Facultad de Derecho de la Universidad de Barcelona acordó denominar al nuevo edificio de la Facultad como “Aulario Jordi Solé Tura”, en recuerdo de quién fue catedrático y decano de esta Facultad y, sobre todo, miembro de la Ponencia del Congreso de los Diputados que redactó el primer proyecto de Constitución. Con ocasión del descubrimiento de la placa correspondiente, el día 7 de mayo, tuvo lugar un acto académico previo en la Facultad, con las intervenciones de los profesores Dr. Jordi Capo Giol, la Dra. Eulalia Vintró Castells, el Dr. Eliseo Aja y el Dr. Xavier Pons Rafols, decano de la Facultad. Es imposible recoger todas las ideas que se expresaron pero sería peor dejar pasar el acto sin un comentario.

El sentido de atribuir el nombre de un profesor a un edificio universitario responde a la misma práctica social que conduce a designar las calles de la ciudad con nombres de personas ilustres: Se trata de mantener el recuerdo de las grandes personalidades, y en el caso de los profesores, lógicamente, se refiere principalmente a sus ideas.

Pero no pueden separarse sus teorías del entorno que rodeó su vida. En este caso Jordi Solé Tura (JST) no solo destacó por sus ideas en Derecho constitucional y Teoría del Estado sino también por el conjunto de su personalidad y su dedicación a la política: de origen humilde, fue un gran trabajador; inició sus estudios a los 20 años, pero hizo el bachillerato (de 6 cursos) en año y medio; sacó premio extraordinario de fin de carrera en la Facultad y alcanzó la cátedra en medio de muchas dificultades. Ciertamente fue un profesor particular porque en pleno franquismo se afilió al PSUC (los comunistas de Cataluña), y ante la inminencia de una detención tuvo que marchar al exilio varios años. Tras el reingreso en la Universidad, fue expulsado por dos años, de manera que en sus Memorias comenta que aunque comenzó la docencia en 1959 no dio un curso entero hasta 1970.

Como profesor era claro y pedagógico no solo con los estudiantes sino con los profesores más jóvenes que comenzábamos a ingresar en el departamento que entonces se llamaba derecho político, y que tenía otros elementos destacados, por razones diversas, en los profesores Jimenez de Parga e Isidre Molas. Su idea de lo que era para él un buen profesor la podemos deducir del elogio que un día aplicó al gran historiador Pierre Vilar: el verdadero maestro no es el que quiere explicarlo todo sino el que enseña lo esencial y la manera de acercarse a ello.

Estas ideas fueron comentadas por todos los intervinientes en el acto académico, pero cada uno destacó algunos recuerdos particulares. La Dra. Vintró, catedrática de Griego en la UB, recordó los años que coincidieron en el  Congreso de los Diputados y en el Parlament de Cataluña, pero destacó también las fases políticas previas, de travesía del desierto, cuando fue expulsado del PSUC por criticar la línea oficial en los años sesenta, cuando creó Bandera Roja, a final de los sesenta, junto con Jordi Borja y otros líderes de la izquierda, en la dinámica generada por la revolución francesa del 68, o cuando regresó al PSUC en 1974. En todas esas épocas difíciles JST destacó por su honestidad y coherencia políticas en defensa de las clases populares.

La intervención del profesor Jordi Capo, catedrático de Ciencia Política UB se centró en el trabajo de JST para modernizar el  marxismo, en unas circunstancias difíciles porque el enemigo principal era el franquismo, y las críticas a los partidos comunistas o nacionalistas “oficiales” podían fácilmente malinterpretarse. Jordi padeció esta crítica pero no dejó de incorporar las ideas más renovadoras frente a modelos estereotipados, destacando la difusión de Gramsci en España, los intentos de renovación emprendidos por Althusser y Poulantzas y la incorporación del comunismo italiano, que se conocería popularmente como eurocomunismo. El profesor Capo destacó la influencia que este afán renovador le proporcionó entre los profesores más jóvenes de la UB, reflejado en el hecho de que la mayoría de los catedráticos de Derecho Constitucional y Ciencia Política de las Universidades catalanas en el período de cambio de siglo hemos sido discípulos suyos.

Mi intervención lógicamente debía centrarse en las aportaciones de JST en las Cortes Constituyentes, destacando de entrada que desempeñó uno de los papeles más relevantes que ha tenido un catalán (junto con Roca Junyent) en toda la historia del constitucionalismo español.

Diversos libros reflejan su trayectoria intelectual desde el punto de vista de la Constituyente y su contribución a la Constitución actual.

Catalanisme i revolució burgesa, que había sido su tesis doctoral, analiza la teoría de Prat de la Riba y del primer nacionalismo catalán, y le sirvió para dar luz a la distinción entre los intereses del nacionalismo y de los movimientos de izquierda. Constituciones y períodos constituyentes se escribe justo antes de las Cortes Constituyentes de 1977-78 y fue un repaso de la historia constitucional de España para evitar que vuelva a reproducirse la división de las dos Españas; la reflexión tiene mucho que ver con la estrategia del consenso que se acabó imponiendo en la aprobación de la Constitución.

El folleto sobre los comunistas y la Constitución lo escribió en plenas Cortes Constituyentes para dar cuenta a la dirección del PCE de la orientación que el partido estaba manteniendo en las Cortes: la amplitud de los derechos fundamentales, los enunciados difíciles de nuevos derechos sociales (hasta admitir el cambio social drástico si se realiza democráticamente),  y las  instituciones representativas. La monarquía y el sistema autonómico aparecían como los puntos más difíciles de aceptar. La monarquía, que tenía asegurada la mayoría en todo caso en aquellas Cortes, sería aceptada por el PCE-PSUC si el monarca a su vez asumía la legitimidad y el funcionamiento plenamente democráticos. El Estado autonómico, fue el resultado consensuado entre el federalismo que defendió JST (especialmente en algunos puntos como el Senado) y las posiciones de los demás partidos, que iban desde el nacionalismo particularista al regionalismo tipo italiano. JST regresó años después sobre el tema y sus reflexiones son particularmente interesantes en su libro sobre autonomías, federalismo y autodeterminación.

Cuando nos encontramos ante un pensamiento tan potente como éste suele aparecer la tentación de preguntarnos qué haría tal personalidad ante las dificultades actuales, pero conviene evitar ese peligro y tomar de nuestros modelos no sus conclusiones, que son de otra época, sino su forma de razonar.

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