Apostillas a los resultados electorales de las elecciones generales, por Francesc Pallarés

Catedrático de Ciencia Política de la Universitat Pompeu Fabra

(English version).

Los resultados de estas elecciones marcan un cambio trascendental para el desarrollo del proceso político y sus efectos. Suponen una reestructuración del sistema de partidos tanto desde la oferta partidista como desde las relaciones entre electores y partidos, el comportamiento electoral.

El PP se mantiene como partido más votado (28,7%), seguido del PSOE (22%) como segundo partido y prácticamente a su nivel se sitúa Podemos  (20,7) que entra por primer vez en el Congreso. Algo más alejado, otro nuevo partido, Ciudadanos  (13,9%) queda como cuarta fuerza. Con un nivel de apoyo mucho más bajo IU (3,7%) es la quinta fuerza en número de votos.

En relación a la participación/abstención no pueden darse todavía cifras definitivas y comparables con elecciones anteriores pues todavía no está incluido el escrutinio de los residentes ausentes. Dado que entre estos electores se registra un nivel muy alto de abstención, el nivel definitivo va a situarse 2-3 puntos por encima del 26,8% que aparece en los resultados provisionales, quedando alrededor del 29%.  Un nivel más cercano al del conjunto de elecciones generales “de continuidad”,  alrededor del 30%, mientras en las “de cambio” se ha situado entre el 20-25%. Dado que las de 2015 han sido claramente elecciones de cambio y con elevado nivel de competitividad ante la incertidumbre en los resultados, deberá explicarse su comparativamente más elevado nivel de abstención.  Consecuencia del descontento con la situación y desconfianza en los políticos, por un lado, y desorientación ante un panorama de oferta política más complejo, aparecen como las principales hipótesis de explicación.

El importante retroceso de los hasta entonces dos grandes partidos (PP y PSOE) y el acceso con fuerza de los nuevos partidos (Podemos y Ciudadanos) deja un sistema de partidos claramente pluripartidista. IU en posición muy secundaria, así como diversos partidos de ámbito no-estatal (PANE) relevantes en sus CCAA respectivas, completan el esquema.

No puede considerarse un esquema estable,  tanto por lo que se refiere a los partidos como a las preferencias de los electores. El cambio en el sistema de partidos se inicia en 2011 con el fuerte descenso del PSOE que paga en aquellas elecciones unas medidas de recortes que minan el principal referente de su personalidad como partido y sus apoyos electorales, dejando un amplio espacio vacío, un electorado desorientado, que en aquellas elecciones va en buena parte a la abstención. El PSOE no encuentra la vía para redefinir su personalidad y construir una alternativa desde la oposición y experimenta un nuevo retroceso en 2015,  salpicado además por algunos casos de corrupción.

Durante la última legislatura, las políticas del PP en el gobierno tanto en el ámbito social, económico y de libertades, junto  a los numerosos e importantes casos de corrupción en sus filas erosionan también fuertemente la imagen y los apoyos del PP cuyos efectos paga con su importante  pérdida de votos en 2015.

Oleada de desconfianza en los partidos que han dirigido el proceso y que también afecta al Poder Judicial, al sistema autonómico y a la propia Monarquía ante algunas de sus actuaciones. Crisis de confianza en el sistema representativo e institucional ampliamente extendida entre los ciudadanos como indican todos los estudios de opinión.

En esta situación, y frente a ella, emergen Podemos y Ciudadanos. Aunque con formas y orientaciones claramente diferenciadas coinciden en importantes aspectos de cambio planteando la introducción de nuevas prácticas para la regeneración de la vida politica y presentando caras nuevas para su implementación. Obtienen el 34’6%  de los votos frente al 50’7% que retiene los dos grandes tradicionales, que resisten como las dos primeras fuerzas en 34 de las 50 circunscripciones provinciales.

Tanto las encuestas de opinión como los resultados de las diferentes tipos de elecciones celebradas desde 2011 han ido mostrando la existencia de un importante nivel de volatilidad en el electorado. Uno de las consecuencias de la situación económica, social y política es la progresiva ampliación del número de ciudadanos sin vinculaciones fuertes a los partidos. Ello posibilita el cambio de comportamiento (a otro partido o a la abstención) entre una elección y otra en función de factores coyunturales en cada una. No debe confundirse con desorientación. Es un tipo de respuesta a una situación más compleja, fluida y dinámica que anteriormente.

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