Nota sobre las elecciones al Parlamento Europeo, por Andreu Olesti

Catedrático de Derecho de la Unión Europea de la UB

La celebración de las elecciones al Parlamento Europeo siempre es una buena oportunidad para reflexionar sobre el momento en el que se encuentra el proceso de integración europeo. La celebración de los comicios, y los resultados acaecidos nos deja elementos para valorar el estado de salud de la UE. En estas líneas vamos a centrarnos en un par de ellos.

El primero se refiere a la implicación de los ciudadanos en esta contienda electoral, como expresión del interés que suscita la renovación de la cámara parlamentaria de la UE. Tradicionalmente, la tasa de participación en los Estados miembros ha sido baja. A nivel agregado europeo ha ido progresivamente languideciendo desde la celebración de las primeras elecciones europeas por sufragio universal directo, en 1979. La cifra más baja fue en las penúltimas elecciones al PE, celebradas en 2014 donde apenas votó el 42% del electorado.

En cambio en las elecciones de 2019 se ha logrado elevar más de ocho puntos, hasta superar el 50,9%.  De hecho, deberíamos remontarnos a las elecciones celebradas en 1999 (curiosamente, coincidiendo también con la celebración de las elecciones municipales en España) para encontrar un porcentaje equivalente (49,5%). Es más, nos encontramos ante la primera ocasión desde 1979 que se obtiene una participación electoral superior a las elecciones anteriores. De todas formas, ello no nos ha de hacer olvidar que la distribución interestatal es muy heterogénea, oscilando entre el 89% de Bélgica, el 84,1% de Luxemburgo  y el 22,7% de la República Eslovaca o el 28,3% de Eslovenia.

El segundo elemento ha sido la reconfiguración de las fuerzas políticas. El habitual binomio Partido Popular Europeo (PPE) – Partido Socialista y Demócrata  Europeo (SyD) cuya suma, tradicionalmente, les concedía la mayoría absoluta, se ha visto modificado sustancialmente. El conjunto de diputados de ambas formaciones no será suficiente para alcanzar esta cifra y, en consecuencia, necesitarán una tercera fuerza política para garantizar un funcionamiento adecuado del Parlamento.

Recordemos que, para constituir un grupo parlamentario en el seno del PE, se requieren un mínimo de 25 diputados que representen a 7 países miembros y que en la actualidad, el PE lo componen 751 diputados, que se reducirían a 705, si el Reino Unido, acaba retirándose de la UE. En este contexto las proyecciones de escaños sitúan, como en la legislatura anterior, al PPE como grupo político mayoritario, con aproximadamente 180 diputados, reduciendo en más de una treintena los conseguidos en las elecciones anteriores. Lo mismo ocurre con el SyD, que de superar los 180 diputados, disminuye su composición hasta una cifra inferior a los 150. En cambio, el grupo liberal (ALDE), superará el centenar de diputados cuando en la anterior legislativa no llegaba a los setenta, y el grupo de los Verdes/Alianza Libre Europea (Verdes/ALE) ve incrementado su composición desde los 52 de la pasada legislatura hasta los 69 que tiene previstos en la actual. Los partidos euroescépticos, cuya progresión alarmaba, incrementan su número, aunque menos de lo que se temía. Las fuerzas políticas antieuropeas, en ningún caso tendrán capacidad de crear una minoría de bloqueo que incida sensiblemente sobre el funcionamiento de la cámara.

En definitiva, se ha aumentado la fragmentación de la composición del PE al reducirse las diferencias entre los grupos políticos tradicionales. Conviene subrayar que en los próximos meses se deberán realizar los cambios en las máximas instituciones de la UE y en donde la participación del Parlamento resulta crucial. El equilibrio de fuerzas entre los grupos parlamentarios determinará el talante de los nuevos representantes de la UE.

En las próximas semanas, se iniciará el procedimiento para elegir un nuevo Presidente de la Comisión, Alto Representante de la Unión para Asuntos Exteriores y de Política de Seguridad, y el resto de miembros de la Comisión. El candidato a Presidente será propuesto, por mayoría cualificada, por el Consejo Europeo “teniendo en cuenta los resultados de las elecciones al Parlamento Europeo”. La cámara lo elegirá por mayoría de los miembros que lo componen (376 diputados); en caso de no obtenerse  la mayoría necesaria, se debería proponer un nuevo aspirante mediante el mismo procedimiento. El Alto Representante es nombrado por el Consejo Europeo por mayoría cualificada y con la aprobación del Presidente de la Comisión. El resto de los candidatos para formar parte del colegio de Comisarios son seleccionados por el Consejo (a partir de las propuestas presentadas por los Estados miembros), de común acuerdo con el Presidente de la Comisión, y todos ellos, incluido también el Alto Representante, se someten, colegiadamente, al voto de aprobación del Parlamento Europeo.

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